…la huella (2)

 

Ya comenté en un post anterior que cualquier trazo de un artista sobre su obra, ya sea voluntario o no, marca el desarrollo de ésta de una manera que ni el propio autor puede controlar. Se puede rastrear su paso, sus dudas o certezas y todo aquello que ha llevado a la conclusión de la pieza.  Esta presencia invisible es, quizá, algo que muchos espectadores ni siquiera aprecia, pero es de una potencia conceptual muy interesante; una obra como Las Meninas, a parte de otras consideraciones técnicas, es un prodigio cuya composición  sitúa al espectador como pieza clave, en la que confluyen las miradas de los personajes del cuadro, autor del mismo incluido. Esta presencia omnímoda del artista es el leitmotiv de algunas de mis últimas obras, en las que, a modo de apariciones, se remarca la figura del autor. Se produce de esta manera, un doble juego, la representación del modelo a través de su huella, es decir, retomar el concepto de Platón, para el que el arte es una “falsedad”, dado que recrea la realidad, pobre reflejo del mundo de Las Ideas. De esta manera, mis obras intentan jugar con el concepto del autor como un fantasma, un mirón que siempre queda al margen de la obra que crea, identificable únicamente por los restos que deja sobre el soporte en que trabaja…

ontheground

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