…al cubo

Ya he comentado en muchas ocasiones mi visión de las obras como entes vivos, en constante evolución. Este proceso es algo, en algunas ocasiones, ni siquiera resulta premeditado; surge como consecuencia de las horas que uno pasa delante de sus cuadros, reflexionando, dialogando con ellos, aprendiendo de los errores y perseverando en los aciertos. Para mí,  este punto de casualidad resulta imprescindible en el proceso de creación, puesto que me permite no dar nada por sentado de antemano, dejándome llevar, en ocasiones, hacia caminos que no me había planteado que existiesen.
 
 
La forma que yo tengo de explorar todas las posibilidades es trabajar en secuencias sucesivas de obras de las que, a veces, surgen escisiones. Mute es una serie que surgió de otra, Ergo sunt. Ambas exploran la identidad, y las dos necesitan de la acumulación para poder hacer patente la multiplicidad  que supone ser un individuo. En el caso de Mute, el aspecto de las obras surge de focalizar la atención en el gesto, como primera impresión, como la máscara que nos cubre y que es el resultado de sumar a nuestro aspecto la interpretación que los “otros” hace de nosotros. En este sentido,  y jugando con la aleatoriedad de lo físico, la metáfora del dado y sus diferentes “caras” surgió con fuerza, como imagen que fuese capaz de aunar todas las facetas que conforman nuestra  personalidad, creando, además, una obra de gran potencia visual y con mucha presencia…será este el desvío hacia otro camino?
 

cube

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